Ayer paseando con una amiga hablábamos de lo cuestionadas que nos sentimos las madres, que recibimos consejos y opiniones de todo tipo. Normalmente estos consejos no los pedimos y nos dicen: que no hagamos colecho, que porque nuestro hijo lleva chupete aún, “que le quitemos ya el pañal”, que no lo llevemos a la guardería o que nuestros hijos van poco abrigados… Pero esto no para ahí, cuando tus hijos van al colegio sigues escuchando opiniones que no te interesan, ni te ayudan en nada.

Sin ir más lejos yo esta misma semana me sentí cuestionada como madre y me acusaron de preocuparme y proteger demasiado a mis hijas (os recuerdo que tienen 3 y 4 años). Esa persona recibió la respuesta que me pareció más adecuada. Pero mi post de hoy quería dedicarlo a esas madres o personas que se cruzan en nuestras vidas para aportarnos cosas positivas, luz, criticas constructivas y mejoras…

Soy una persona que me gusta hablar, conocer a personas que creo que me pueden aportar cosas interesantes y busco las opiniones de personas expertas o que aunque no sean profesionales de ninguna materia en concreto, me interesa saber su visión sobre algún aspecto. Incluso me gusta que me cuestionen siempre que lo hagan con cariño y respeto. Yo, obviamente y quien me conoce lo sabe, cojo de esas opiniones lo que me interesa. Pero os aseguro que en este año largo de excedencia me estoy volviendo una autentica experta en escuchar e intercambiar opiniones con gente muy diferente, siempre relacionado con la maternidad y la educación.

Me he encontrado siempre que esas mujeres tienen dos cosas en común: la maternidad y la pasión. Son profesionales que aman su trabajo. Pienso en maestras maravillosas que me escuchan y me regalan su sabiduría, en logopedas que me hipnotizan con sus palabras y recursos, en especialistas de educación que me trasmiten tranquilidad y coherencia.

Pero sobretodo hay un colectivo que me entusiasma, son las que yo denomino: madres sabias. Las sabias de verdad: las que te resuelven un problema en un minuto, las que se superan cada día, las que tienen más psicología que algunos psicólogos, las creativas que se inventan cuentos de mariposas y hadas para que sus hijas se vistan, las que van enfermas y con fiebre a ver la carrera de su hijo, a las que ves que sienten puro amor por sus hijos y que priman su felicidad por encima de criterios absurdos, las que son practicas por naturaleza…

¡Madres sabias hay muchas! ¡Buscadlas y aprovechaos de su sabiduría! No es broma, hacen cosas impresionantes.

¡Ojo! yo sé de una madre que sin que hable una persona, solo por su fisionomía, te dice si es de fiar o no. Conozco otra que es capaz de aguantar una conversación telefonica con su suegra de dos horas mientras hace la limpieza de la cocina a fondo y le da de comer a la gallinas. Sé que nunca llegaré a ese nivel tan “top” de madre sabia. Pero con este post que le he querido dar un toque de humor (pero todo verídico) a que no debemos cuestionar negativamente a otras madres, que no debemos permitir que nos cuestionen como madres otras personas que lo hacen refugiándose en que son pseudoprofesionales o en que realmente tienen buena intención con sus consejos. Todas somos madres sabias. Y somos madres sabias porque sabemos y queremos lo mejor para nuestros hijos.

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Y vosotras ¿os han cuestionado alguna vez como madres o como familia?

Abrazos virtuales,

@mamaeconomista